LUIS MIGUEL ROMERO VILLAFRANCA: El Holodomor, un genocidio largamente ocultado.

Actualizado: 25 de dic de 2018

En aquellos años 1932-33, el campesinado ucraniano fue castigado por una hambruna que fue provocada artificialmente por el régimen de Stalin y que originó esas cifras terribles que hablan de hasta diez millones de muertos. Tan horrible genocidio tuvo como finalidad exterminar cualquier expresión de identidad política y cultural y el derecho de autodeterminación del pueblo ucraniano, frente al régimen de terror totalitario impuesto por Stalin.


Resulta paradójico que este horrible genocidio, cuantitativamente quizás el mayor de la historia de la humanidad, fue durante décadas, negado y silenciado por el régimen comunista imperante a la URSS y desconocido en consecuencia por el mundo libre. Silencio y la ocultación de la masacre de un pueblo por su rechazo a un régimen totalitario, que –entiendo– hace más necesario que nunca actos como este de su divulgación y repudio por la comunidad internacional. Por razones de solidaridad y de reafirmación en la defensa de los derechos humanos, el principal de las cuales, la vida, se negó en este caso a millones de personas.


Un genocidio es el horror total, el más grave y el más odioso de los crímenes, el crimen contra la humanidad. Aquel mismo dirigido contra unos inocentes civiles que no han cometido otro pecado que el de vivir, pero por triste que sea la historia, no podemos traicionarla, ignorándola.


Si, como decía Cicerón, la historia es magistra vitae, debemos recordarla para aprender de la misma y evitar su repetición. Por eso, recordar el Holodomor, como recordar el Holocausto u otros genocidios, es absolutamente necesario. Porque la realidad cotidiana desgraciadamente nos demuestra lo fácil que es olvidarlos. Pero es que además, la condena del Holodomor es no sólo una manifestación de solidaridad con las víctimas, sino por encima de ello, un imperativo ético de estricta justicia hacia el pueblo ucraniano. Un pueblo que lamentablemente está volviendo a sufrir los azotes del imperialismo totalitario de ese nuevo Hitler que es Putin.


La realidad es que todo totalitarismo político, religioso o étnico, supone siempre la exclusión de los demás, o su eliminación, y frente a ello, no cabe más respuesta que la de una postura unida de rechazo por una parte, y de solidaridad por las victimas que lo sufren de otra.


Cuando silenciamos el Holodomor, cuando no contribuimos a su conocimiento, como lamentablemente sucedió en nuestra Comunidad en el 75º aniversario de la tragedia, en el que como cónsul no conseguí que nuestro Parlament hiciera una manifestación de solidaridad que hicieron otros parlamentos autonómicos, creo que quebrantamos esa solidaridad, esa fraternidad universal que proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.


Y aunque sea salirme del guión de mi intervención, permítanme la libertad de referirme a la actualidad, a esas atroces imágenes que nos dejan desolados de Siria o Afganistán, o de la violencia institucional en lugares como Centroáfrica o Somalia; o del sufrimiento y condena al ostracismo de pueblos enteros como el palestino, el tibetano o el propio saharaui; o del abocamiento a la miseria o al hambre ante una mal llamada política globalizadora está condenando a muchos países; o del horrible espectáculo que están ofreciendo nuestras televisiones de millones de personas que huyen de la miseria o de la muerte, y son rechazados por la llamada Europa del bienestar.


Extracto. Texto completo y fuente en: Cuando Ucrania perdió el grano y la vida. Materiales de conferencia sobre el Holodomor, la gran hambruna artificial en la URSS de Stalin, 2016, págs. 39-44 [ enlace ]


LUIS MIGUEL ROMERO VILLAFRANCA FUE DECANO DEL ILUSTRE COLEGIO DE ABOGADOS DE VALENCIA Y CÓNSUL HONORARIO DE UCRANIA.


Véase también vídeo del acto en Valencia (2018):




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Con el apoyo del Consulado General de Ucrania en Barcelona

Melodia - Myroslav Skoryk
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