JUAN ROMERO GONZÁLEZ: A propósito del Holodomor

Actualizado: 25 de dic de 2018

Hay una parte de Europa, de la historia de Europa, que nosotros, en los ámbitos universitarios, consideramos que se han apagado los focos. Por lo tanto, hay unos años en aquella parte de Europa sobre los cuales se sabe muy poco.


Debo mi interés por la historia de esta parte de Europa a tres autores. Uno es Tony Judt, cuando él, en su libro imprescindible Sobre el olvidado siglo XX se interesó por la Europa Central porque –insistía– sabemos poco y deberíamos saber más. Naturalmente, el muro de Berlín y el idioma ayudaron poco; creo que más lo primero que lo segundo. El segundo autor que más me ha ayudado a entender lo que aconteció fue Keith Lowe en su excelente trabajo Continente salvaje sobre la posguerra europea. Pero sin duda los trabajos que más me han ayudado a entender los hechos que hoy nos reúnen aquí fueron los trabajos de Timothy D. Snyder: uno se llama Tierras negras y otro Tierras de sangre, traducido ya al castellano. Historiador controvertido, soy consciente, que personalmente he procurado seguir y leer con atención y que básicamente he seguido para improvisar esta intervención, que me ha facilitado mucho poner el foco en esa parte de la Historia de Europa y sobre todo a entender mejor lo ocurrido en aquella parte de Europa entre los años 30 y 40 del pasado siglo XX.


Fíjense, Timothy D. Snyder llama «tierras de sangre» a un enorme agujero negro que va desde los Países Bálticos hasta el sur de Ucrania, incluida naturalmente Bielorrusia, y desde Polonia hasta Rusia. Es ahí donde empecé a entender la dimensión de lo que hoy nos convoca aquí. También nos convocan más cosas, además de la importancia de la historia de esa parte de Europa, nos convoca también el debate sobre historia y memoria.


Aquí vamos a hablar de historia, pero también de memoria. Son cosas diferentes; cada una tiene su importancia pero no conviene mezclarlas, creo yo. Voy a hablar de historia, aunque la memoria merece toda la atención igualmente. Considero que es importante lo que ilustra la película «Holod-33» –pues los medios de comunicación y el cine ayudan– pero yo voy a intentar aportarles alguna idea para contextualizar lo que esta película quiere explicar.


Aquí hay una parte de la historia de Europa, que va desde el año 1933 al año 1941, por tanto más allá del 1933 –año al que hoy aquí se quiere poner el foco– que es un periodo en el que aproximadamente 15 millones de europeos murieron de hambre. Ahora que se habla tanto de refugiados, de hambrunas, de dificultades en el siglo XXI, merece la pena revisitar períodos recientes de nuestra historia que no deben olvidarse. En especial éste, porque aquella parte quedó ahí como apagada. Se ha hablado y escrito mucho más del Holocausto (con toda razón, obviamente), pero de esta parte, sobre todo del 1933 y las grandes hambrunas quedó como silenciada y yo incluso diría que un poco manufacturada por la Historia oficial.


Si ustedes se molestan en buscar «Holodomor» en Wikipedia verán que hay una nota extensa, si bien tal vez merecería una revisión en cuanto a su redacción. Comprobarán que incluso hasta hoy, cuando se trata de aproximarse a un hecho como éste –y yo les daré mi versión, naturalmente– , quien redacta intenta poner un pie en cada lado. Yo creo que esto es un error. Esa nota, por ejemplo, me parece que es infeliz en su redacción, en cuanto a cómo explicar lo que aconteció en aquel momento.


Bien, 1933 es el año de la gran hambruna para el pueblo de Ucrania provocada por decisiones adoptadas por Stalin, y en 1941 fue rematada por el ejército de Hitler. La paradoja, que explica muy bien Timothy D. Snyder, y otros pero él muy específicamente, es que dos monstruos del siglo XX –así los califico yo– con sus pretensiones diferentes, se solaparon en Ucrania en menos de 10 años, de modo que Stalin quiso hacer de Ucrania su reserva interior, desde el punto de vista de aprovisionamiento de grano, y Hitler quiso hacer de Ucrania su reserva exterior ocho años después, utilizando el granero de Ucrania para conformar su modelo económico más allá de Alemania. De modo que, en muy corto espacio de tiempo, Stalin, y Hitler después, intentan ver en Ucrania parte de su solución, aunque yo creo que lo que allí aconteció –y lo refleja la película– va mucho más allá de lo que es Ucrania como fuente de provisión de alimentos. Mucho más.


Se ha silenciado mucho esta parte de la historia, se ha escamoteado información, creo que se ha manipulado, incluso hoy por parte de los poderes públicos y de quien fuere. A mi juicio, ha habido mucha propaganda sobre esta parte de la historia y creo que conviene, siempre que sea posible, aproximarse con un poco más de sosiego, no sé si con acierto, pero con sosiego sí.


Para empezar hay un precedente, como bien subraya Snyder: en el año 1921 ya hubo una hambruna importante en Ucrania que Lenin abordó de otra manera. Una hambruna importante. Intentó resolverlo por la vía del acuerdo con los campesinos, una vía distinta a la seguida años más tarde por Stalin. Pero en 1928-1932 las cosas empiezan a cambiar y, en conjunto, desde el inicio del primer plan quinquenal hasta su finalización y el año posterior, es lo que explica lo que allí aconteció en aquella parte de Europa, en Ucrania, con la nueva política de Stalin.


Aunque es difícil de valorar cuánta gente murió allí de hambre, repárese en que no estamos hablando de muertos en los frentes o en una lucha armada. Hablamos de civiles que mueren de hambre: hombres, mujeres y niños, básicamente. Pero civiles que mueren de hambre por una acción deliberada, derivada de una estrategia específica, sabiendo lo que iba a ocurrir, y aún sabiendo lo que iba a ocurrir se llevó adelante. La cifra más verídica de muertos por la gran hambruna en Ucrania en el año 1933 debe estar situada en torno a 5 millones de civiles (de entre algunas cuentas oficiales que dan más, hasta 10 millones, otras menos, sobre 1 millón). La cifra más baja que yo he podido ver hecha con un poco de rigor intelectual es 3,4 millones. Esta hambruna, el Holodomor, tiene características muy singulares.


En primer lugar, creo que responde a una política genocida, criminal.


En segundo lugar, es característico un hecho que es nuevo: fue hambre rural, no hambre urbana. Los que se morían eran los campesinos. Paradójico esto. Les recuerdo que estamos en plena Gran Depresión y los pobres que tenían dificultades por el hambre eran los trabajadores de las ciudades, en Europa y en América. La imagen era la de los pobres urbanos, porque en el campo la gente tenía más o menos algo que comer. La novedad, lo paradójico, es que en el caso que nos ocupa, los que murieron fueron los campesinos. Los que iban a pedir a las ciudades para comer algo, algún trozo de pan, eran los campesinos. Muchos murieron en sus calles.


Esta es la paradoja, derivada de un plan específico puesto en marcha por las autoridades soviéticas, en este caso por Stalin y dos personas muy relevantes: Mólotov, que tuvo un papel relevante haciendo de Ucrania un macabro experimento, y Kaganóvich, que es el que realmente hizo de brazo armado de Stalin en Ucrania en este momento.


Es la consecuencia de este plan quinquenal 1928-1932 que, como ustedes saben, consistía en poner en marcha un formidable proceso de colectivización asignando cupos obligatorios de entrega de granos a las autoridades públicas, cupos absolutamente inalcanzables en cuanto a cantidades, de modo que era imposible que lo que se exigía pudiera ser proporcionado aún habiendo voluntad.


La colectivización fracasó en el año 1931. Las causas son muy variadas. Las autoridades soviéticas lo atribuyeron al clima, pero lo cierto es que tuvo que ver con el cambio de modelo.


Los objetivos establecidos en ese primer plan quinquenal fueron para cumplir un determinado tipo de producción agrícola para poner la agricultura y ganadería al servicio de la industrialización, que era el objetivo fundamental de la economía soviética y de Stalin en concreto. Para cumplir, pues, con esos objetivos desde el fracaso inicial, se pone en marcha un proceso de intensificación –si cabe aún mayor– para garantizar el cumplimiento. Intensificación acompañada de represión y de saqueo, que son las otras características que se ponen en marcha allí. Hasta el punto de que como no era posible garantizar esa provisión de grano que se exigía, en el año 1932 las autoridades, de la mano de Kaganóvich y Mólotov, por indicación de Stalin, confiscaron incluso la reserva de semillas para el año siguiente. De modo que no solo se confiscó el grano, si no también las semillas reservadas por los agricultores para el año siguiente, con lo cual no solamente hubo un problema de hambre ese año, si no que hubo dificultades insuperables para poder sembrar al año siguiente. Esto es lo que, básicamente, explica lo que finalmente acabaría ocurriendo con toda su crudeza en el año 1933.


La reacción fue brutal. Frente a las resistencias iniciales del campesinado e incluso las protestas de los propios funcionarios comunistas de la zona, la reacción de Stalin fue brutal. Hay una fecha determinante, que es julio del 1932, cuando se reúnen los dirigentes del Partido comunista de Ucrania en la ciudad de Járkiv, y es ahí donde se establece un plan de trabajo que había que cumplir de manera absolutamente inflexible. Por lo que ese verano del 1932, en esa larguísima reunión, según cuenta Snyder, se acuerda primero un relato, una explicación de lo que estaba pasando en Ucrania. El relato era muy sencillo: que, además de los agricultores reaccionarios, la culpa fuera de los campesinos acomodados, los llamados kulaks, que bloqueaban toda la estrategia triunfal de la Unión Soviética. Por tanto, habría que acabar con los kulaks, llevárselos a ser posible fuera de allí, y en todo caso poner en marcha un plan sistemático de confiscación y de encaje de todo aquello en el modelo impulsado.


Junto a este relato, que ya se encargaban de divulgar las autoridades con Kaganóvich al frente (el caso de Kaganóvich es muy interesante; por meses no vio el final de la Unión Soviética –el final de su obra política– , muriendo con noventa y tantos años en 1991), las autoridades adoptaron un conjunto de decisiones como el bloqueo de toda la información desde fuera, purgas y activismo... Enviaron jóvenes del Partido Comunista a determinadas zonas rurales, mandaron personal de otras partes de la URSS, enviaron al ejército... Y se negaron a recibir ayuda exterior, mientras activistas de Polonia – que entonces también se extendía por la hoy Ucrania occidental – y de otras zonas se brindaron a enviar ayuda alimentaria, y las autoridades soviéticas se negaron a ello, cosa que los historiadores han puesto de relieve más tarde. A esta decisión del Comité central del Partido Comunista en Járkiv se añadirán además, a finales del año 1932, unas decisiones complementarias, del puño y letra de Stalin. Una serie de decisiones que fueron determinantes para explicar lo que aconteció luego, y que yo básicamente les enumero. Están tomadas desde noviembre de 1932 hasta las primeras semanas de enero de 1933, cinco o seis decisiones importantes que tomó Stalin.


Impedir que los agricultores pudieran quedarse con el excedente que había sobrado después de entregar lo que se veían obligados a entregar... Quitárselo también y penalizar con un impuesto adicional, ya que además de entregar la cosecha debían entregar los animales de ganado de las casas de campo, que fue la segunda decisión, tomada en noviembre. En ese mismo mes se confeccionaron listas negras de aquellas zonas a las que había que poner el foco. En diciembre, se puso en marcha un mecanismo sistemático de deportaciones a la Rusia profunda. También en diciembre, se asignó a Ucrania que debía aportar un tercio de la producción agrícola de toda la Unión Soviética... Reparen en este dato. Eso fue el 5 de diciembre.


El 6 de enero: sellado de fronteras y cierre de ciudades. Entonces se creó el pasaporte interior –una especie de DNI– que se entregaba sólo a los habitantes de la ciudad para que los campesinos no pudieran desplazarse, porque iban a mendigar a las urbes o a suicidarse. Lo que les decía antes: el hambre es rural, no es urbano. Esta es una paradoja muy llamativa para mí.


Y por último, el mantenimiento, en enero del año 1933, de los mecanismos de recolección intensiva.


Todo esto es lo que a mi juicio explica, junto a muchas otras cosas, lo que aconteció en el año 1933. Pero las desgracias para los habitantes de estas zonas rurales de Ucrania no acabarían ahí sino que luego sería rematado en el año 1941, cuando el Cuerpo del Ejército Sur de la Wehrmacht entró por Ucrania pensando que les bastaría unos pocos meses para alcanzar Moscú. Sin embargo, el invierno les sorprendió y entonces la decisión del ejército alemán es que el ejército se alimentase y viviese de lo que pudiera obtener en el terreno. Con lo cual, aquella decisión de que el ejército alemán, desabastecido, viviera también del terreno, significó nuevos sufrimientos para esta parte de Europa.


De modo que por todo eso, en muy corto espacio de tiempo, Ucrania pasó probablemente el periodo más negro de su historia. Período que hemos recordado mal, que hemos enseñado de forma deficiente y sobre la que deberíamos poner mayor atención.


Que hemos estudiado y recordado mal. Aquí estamos los historiadores para estudiarlo pero también para recordarlo, y está bien que otras personas y activistas de la sociedad civil trabajen para que se intente que no olvidemos. Historia y memoria.


La geopolítica tampoco ayudó mucho, pues en el año 1933 muy poca gente dio a conocer lo que estaba pasando allí. Primero, porque la Unión Soviética lo silenció con éxito. Segundo, porque utilizaron muy bien la propaganda. Invitaban allí a gente importante, la paseaban... Cuenta Timothy D. Snyder la anécdota de que un responsable del Partido Republicano Francés, muy importante en la época, fue invitado a visitar Ucrania y lo que hicieron ante él fue una representación de la ciudad: llenaron los escaparates de comida, vistieron a los niños bien... Una cosa verdaderamente impresionante, para que la imagen que contara luego de lo que había visto allí fuera de normalidad.


También algunos periódicos comunistas o intelectuales comunistas de la época ayudaron poco. Y muy pocos periodistas occidentales pudieron ir o lo pudieron contar. Se cuentan con los dedos de una mano –con la mitad de los dedos de una mano– los periodistas con crónicas con un mínimo de objetividad sobre lo que estaba pasando allí. Dos periodistas británicos y un periodista norteamericano básicamente son los que ahora, con el tiempo, hemos visto que escribieron diciendo que allí está pasando algo nunca visto, que la gente se está muriendo directamente de hambre y además se está muriendo en masa. Literalmente, por la calle.


Muy poca fotografía, muy pocos documentos... Poco a poco las autoridades ucranianas reunieron algunas evidencias, algunos archivos soviéticos, algunos datos... Y con esto, poco a poco, se va cosiendo una historia negra, muy poco conocida pero muy importante.


Para mí es, desde luego, el primer gran genocidio del siglo XX. Con menos propaganda y menos capacidad organizativa que por ejemplo el del pueblo judío, de modo que esta historia está peor contada que el Holocausto que ocurrió posteriormente, aunque la del Holodomor no tiene menos importancia.


Por eso yo creo que es de agradecer que los amigos que quieran que no olvidemos esto pues hayan hecho este esfuerzo. Esa es la razón por la que estoy aquí y por la que les invito a ustedes, sobre todo a los jóvenes estudiantes, a adentrarse más en la historia de esta parte de Europa. Porque es Europa. También es Europa. Y también es el siglo XX. Sabemos muy poco de esto y deberíamos saber más. Para no olvidar.


Fuente: Cuando Ucrania perdió el grano y la vida. Materiales de conferencia sobre el Holodomor, la gran hambruna artificial en la URSS de Stalin, 2016, págs. 15-24 [ enlace ]


JUAN ROMERO GONZÁLEZ ES HISTORIADOR Y CATEDRÁTICO DE GEOGRAFÍA HUMANA EN LA UNIVERSITAT DE VALÈNCIA.

© 2018-2020

Proyecto divulgativo del Instituto 9 de Mayo.

Iniciado en 2018 con el apoyo del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania.

"Melodia" - Myroslav Skoryk
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